Jesús carga con la Cruz. ¿Y nosotros?

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REFLEXIONES DE ESTA SEMANA SANTA. 2020

VIERNES SANTO (10 de abril)

Hoy nos hemos levantado con la noticia de que Jesús ha sido detenido en Getsemaní. En ese instante empieza su calvario, el camino que le va a conducir hasta la muerte en cruz.

Cada día, de estos días de confinamiento, nos hemos levantado con las noticias de las personas contagiadas, fallecidas y dadas de alta. Cada día, empezaban muchas personas de España y del mundo, con la cruz de la enfermedad, de la muerte.

Y hoy, como entonces y cada día, debemos acompañar a Jesús, al enfermo, a las familias, en el camino de cruz. Un camino doloroso e interminable.

La cruz de Jesús, es la cruz de todos los hombres. Él asume el dolor y el peso de la cruz sobre sus hombros, de cada uno de los que sufren comparte el sufrimiento.

Vamos a acompañar a Jesús en este camino de cruz.

Getsemaní, es un tiempo y un lugar donde todo es angustia y agonía. Un tiempo de soledad y tristeza.

En Getsemaní, solo velan los olivos, y Jesús desesperado se agarra a la voluntad del Padre.

Hoy, esos olivos centenarios de Getsemaní se convierten en todo el personal sanitario, o mejor dicho en todos aquellos que trabajan en los centros hospitalarios y están relacionados con la curación de los enfermos. Ellos son los que vigilan la angustia, el dolor y la enfermedad de los cristos de hoy.

Y Jesús, en su soledad se agarra a la voluntad del Padre. Pero seguro, que tuvo sus dudas, antes de dejarse llevar por el amor del Padre.

Imagino, que si la oración hubiera sido en estos días que estamos viviendo, sería algo así:

Padre, el sufrimiento, el dolor, de estos mis hermanos, me angustia. ¿Por qué lo autorizas?

¿Por qué este hombre que ha sido ingresado hoy, que viene de una residencia de ancianos, lleva agonizando varios días?

¿Por qué tantos hermanos míos están muriendo, no pudiéndose despedir de sus familiares y amigos? ¿Por qué se va en la soledad de la habitación de la UCI?

No lo entiendo. ¿Por qué este dolor en el mundo, en este mundo globalizado, tecnológicamente avanzado, científicamente preparado?  Es como si quisieras que retrocediéramos en el tiempo. Que la ciencia se parara. Parece como si el tiempo no quisiera avanzar…

“Se presentó Judas, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. Se acercó y le dijo: ¡Maestro! y lo besó. Ellos le echaron la mano y lo prendieron.

Es terrible sentirse traicionado, vendido por un amigo. Aquella noche Judas recibió 30 monedas de plata, por vender a su amigo. Hoy sigue prevaleciendo el dinero, el poder, sobre el amor.

Hoy la humanidad tiene a un judas, a un enemigo que parece invencible, el coronavirus. Ha llegado silencioso, sigiloso, casi invisible en la oscuridad de las sociedades. Ha venido a hospedarse entre nosotros, intenta quedarse.

Quizá, si los poderes del Estado planificaran en sus programas de gobierno, que lo importante de una sociedad es la vida de sus conciudadanos, hubiéramos estado preparados. Como Jesús, que sabía perfectamente que lo iban a entregar y se había preparado para el momento, así hubiéramos podido estar nosotros. Hubiera llegado a nuestras sociedades pero no habría podido quedarse. Tendríamos preparados los hospitales, la protección de los sanitarios, y de las demás personas de primera línea. Nos hubiera “pillado” con un plan de sanidad fuerte, porque habríamos invertido en la salud, en la vida de las personas.

Por suerte, el corazón de las personas es infinitamente más grande y misericordioso, y aunque desprevenidos hemos actuado, con un montón de iniciativas públicas, privadas, particulares. Cada uno ha puesto lo mejor de sí mismo… Parecía que otra vez iba a vencer el poder, el dinero sobre el amor, pero NO, esta vez NO podrá.

Quizá, en estos días tan dolorosos que estamos viviendo, algunos o muchos creyentes estemos actuando como el Sanedrín (el tribunal religioso que juzgó y condenó a Jesús). En nuestra desesperación e ignorancia, acusamos a Dios de nuestros males, de las injusticias, de no hacer milagros. No aceptamos que nos haya sacado de nuestra zona de confort, nos creíamos intocables, inmortales. No podemos pensar que nos pueda estar sucediendo esto, a esta sociedad del siglo XXI, moderna, avanzada. Nos creíamos infinitos, y nos damos cuenta que somos seres finitos e imperfectos.

Tenemos miedo a que nos señalen, a que se burlen, a que se escandalicen, a que nos traicionen… Tenemos que reaccionar. La iglesia tiene que dar una respuesta firme, a tanta necesidad, desolación, angustia, soledad, enfermedad y muerte.

En estos días, he visto al papa Francisco en la soledad del Vaticano, auténtico servidor del hombre. He visto como Cáritas estaba en las calles, en los hogares, acompañando. He visto a algunos sacerdotes y religiosas ayudando en la tarea de poner calma al alma de los hombres. He visto a voluntarios, creyentes o no, dándolo todo para que nadie se quedara sin comer, para que nadie estuviera solo. He visto muchos testimonios de la gente de a pie. Pero me faltan otros muchos testimonios. ¿Dónde están? ¿Tienen miedo?

Quizá muchos de los que faltan por dar un aliento al que esté al lado, estén negándote, como Pedro. Señor, somos débiles, frágiles, cobardes…Pero te pido que te hospedes en mi corazón, en nuestro corazones y que nuestras lágrimas de cobardía no nos impidan ver de nuevo tu rostro en cada uno de los que sufren.

Señor, ayúdanos a cargar con las cruces de hoy. Mándanos  a Cireneo para que nos ayude a cargar con la cruz.

Déjame que te ayude a llevar tu cruz. Cada vez que ayude, al enfermo, al pobre, a la viuda, al huérfano, al anciano, al inmigrante, estaré llevando un poco tu cruz.

Jesús, en tu camino hacia la muerte, con tu cruz sobre los hombros, unas mujeres que estaban en el camino lloran desconsoladamente, ante la injusticia que se iba a cometer. Con sus lágrimas oraban al Padre. Con su llanto mantenían la esperanza de que tu muerte no ocurriera. No fue así, no fue suficiente. El corazón del hombre aún era demasiado débil, corrupto.

Hoy como entonces, se ha llorado mucho. Ojalá hoy, la Unión Europea, la OMS, y otros muchos organismos internacionales, las Cortes, nuestros representantes, en vez de hablar tanto, lloren más. Quizá si nos lamentáramos más, actuaríamos, nos pondríamos en pie para caminar por el camino que lleva a la sanación, a la salvación.

Te pido, hoy, en este viernes de tu pasión del siglo XXI, atípico, que me des un corazón compasivo y misericordioso y que sepamos estar cerca de los que sufren.

Esta noche, morirás en la cruz. Crucificado, ultrajado, despojado de todo y de tu dignidad. Ha llegado la hora.

Con la muerte en la cruz, sellas la alianza con el Padre. Asumes el dolor de todos, nos redimes. Es hora de que demos el paso de la entrega. Estamos inmóviles. Tenemos que cambiar nuestros corazones viejos, por otros nuevos. Señor, haz que sepamos despojarnos de todas nuestras ataduras, y que de todo este “infierno” que estamos viviendo, aprendamos lecciones de Vida. En la soledad de la cruz, en la soledad del confinamiento, haz que miremos a nuestro corazón y que de una vez por todas seamos capaces de cargar con las cruces del día a día, no dando la espalda a la voluntad del corazón, no dando cabida a la cobardía. Siendo misericordiosos, ayudando al que sufre. Dando importancia a los pequeños detalles de cada día. Cuidando y dando amor a los que antes nos han dado todo.

 

 

 

Ana Casado. 10 de abril de 2020.

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